Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Escudriñé toda la ribera visible mientras la señora Grose, impresionada por los extraños hechos que yo le presentaba, volvió de nuevo a someterse a mi voluntad; luego sugerà que el bote podÃa estar perfectamente en la pequeña ensenada formada por una de las entradas del estanque, una irregularidad enmascarada, desde este lado, por un saliente de la orilla y un grupo de árboles que nacÃan muy cerca del agua.
—Pero si el bote está allÃ, ¿dónde puede estar ella? —preguntó nerviosamente mi colega.
—Eso es exactamente lo que tenemos que averiguar. —Y eché a andar.
—¿Vamos a dar toda la vuelta?
—Sin duda, por lejos que esté. Nos llevará unos diez minutos, pero está lo bastante lejos como para que la niña haya preferido no andar. Ella ha ido en lÃnea recta.
—¡Por Dios! —volvió a gritar mi amiga; la ilación de mi lógica siempre era demasiado para ella.