!Pobre Richard!
!Pobre Richard! ¿Dónde estaban los puntos en común entre Richard y un hombre como él? Rogarle al capitán que mostrase simpatÃa hacia Richard era fácil, pero pedirle a Richard que se encariñara con él era algo absurdo. Si Richard pudiera conocerlo, la cosa se resolverÃa por sà misma: él le irÃa tomando aprecio, por encima de sus prejuicios. Pero bastaba con que ella hiciera el elogio de alguien para que su amigo se pusiera a detestarlo. Él mismo era tan digno de compasión que a Gertrude nunca se le pasó por la cabeza encomendárselo a nadie. El mundo entero parecÃa serle superior y, por consiguiente, él estaba mal predispuesto frente a todo el mundo. Si ella hubiese podido ocuparse de una criatura menos favorecida por la naturaleza y el destino, quizá Richard habrÃa sentido cierta simpatÃa por ese ser. Gertrude creÃa saber que el destino no habÃa sonreÃdo especialmente al capitán Severn, pero éste parecÃa perfectamente satisfecho de su destino: eso lo situaba muy por encima de Richard, quien no dejarÃa de interpretar esa resignación como un reproche mudo. A pesar de ello, decidió que se conocieran. TenÃa en alta estima la generosidad del capitán, y si Richard deliberadamente hacÃa caso omiso de semejante oportunidad, pues peor para él. Tal vez se piense que en dicha estrategia el capitán Severn era objeto de una manipulación carente de toda delicadeza. Pero ya se sabe que algunas mujeres muestran su afecto por un hombre mandándolo de misionero a los canÃbales. Todo esto parece exigir que describamos brevemente a la persona de que se trata.