!Pobre Richard!
!Pobre Richard! —¿Quién es ese tipo? —preguntó señalando al mayor con la cabeza.
—El mayor Luttrel, de la artillerÃa de...
—No me gusta nada su aspecto —dijo Richard.
—¿De veras? —contestó Severn, divertido por la brutalidad de su compañero—. No es apuesto, pero parece un buen soldado.
—A mà me parece que no vale nada —dijo Richard.
De repente, Severn se puso a reÃr, de modo que Gertrude se dio la vuelta para ver qué pasaba.
—¡Dios mÃo! ¡Creo que exagera usted un poco! A mà me resulta una compañÃa de lo más agradable.
Richard se quedó dolido y perplejo. HabÃa buscado la aprobación de sus crÃticas más feroces, y ahora el capitán se ponÃa del lado del contrincante. Un ser asà no podÃa ser ningún rival. Un vilipendiador de tan poco fuste sólo podÃa ser un mal amante. A pesar de ello, cierto escepticismo incipiente —comparado a su antiguo método de valorar las motivaciones humanas— le impedÃa considerar tal conclusión como definitiva. Lo intentarÃa con otro tema.
—¿Conoce usted bien a Miss Whittaker?
—Algo, sÃ. Fue muy amable conmigo cuando estuve enfermo, y desde entonces la he visto a menudo.