!Pobre Richard!
!Pobre Richard! —Por Dios, ¿por qué no me trata de bellaco? ¡Lo que he hecho es innoble!
—Bueno, bueno, no debe torturarse por mi culpa. Digamos que todos sentimos los remordimientos de rigor, y no se hable más del asunto… Debo decirle que le estoy muy agradecido. Si no lo hubiera disuadido, quién sabe si no lo hubiera hecho yo mismo…
—En tal caso yo le hubiera puesto en evidencia de inmediato.
—¿No me diga? Asà pues hice bien en no decir nada. Si se lo toma asÃ, le confesaré que su pequeña historia me pareció bastante fea. En el fondo me complace mucho no ser yo quien la inventara.
Richard se sintió empujado a replicar, por el desprecio doloroso que sentÃa, más hacia su compañero que hacia sà mismo.
—Me alegra saber que le pareció fea. A mà me pareció bella, piadosa y justa. Por un instante creà que lo que yo decÃa era exactamente lo que debÃa decir. Pero usted, usted vio sin duda mi falta en todo su horror y, sin embargo, no hizo nada. No tiene disculpa alguna.
—Perdone, pero esto es sumamente sutil, pero falso por completo. ¿Quiere echarme la culpa de lo ocurrido? ¡Menuda desfachatez tiene usted! Yo tengo una buena razón: no quiero ver a nadie andando detrás de Miss Whittaker.