!Pobre Richard!
!Pobre Richard! —SÃ, eso está muy bien para un vieja como yo, pero no es un lugar para una joven distinguida con un vestido de cola —contestó la buena mujer mirando los encajes y muselinas de Gertrude.
—No soy tan distinguida como para abandonar a un amigo con problemas —dijo Gertrude—. Volveré y, si al verme el pobre chico se pone más enfermo, entonces me mantendré alejada. Haré lo que sea para ayudarlo a curarse.
Se habÃa dado cuenta de que su presencia, en el estado anormal en que se hallaba Richard, podÃa ser causa de irritación, y estaba dispuesta a permanecer en segundo plano. Al regresar al coche, le dio por pensar con sumo agrado en la bondad de la que habÃa hecho gala el mayor Luttrel al dedicarle dos o tres horas de su precioso tiempo a una causa tan poco interesante; y para poder expresar su satisfacción, lo invitó a que la acompañara a casa y almorzara con ella.