!Pobre Richard!
!Pobre Richard! —Lo demás se lo entrego, pero pido mucho a cambio.
—Se lo daré todo.
—No, no quiero más que aquello que yo puedo dar.
—Entonces, dÃgame, por favor —preguntó Luttrel con una sonrisa insinuante—, ¿qué debo hacer con la diferencia?
—Quédesela. Lo que quiero, mayor, es su protección, sus consejos, su apoyo. Quiero que me saque de aquÃ, aunque me lleve al ejército. Quiero ver el mundo protegida por su apellido. Le causaré muchos problemas. No soy más que un conjunto de riquezas. Lo que soy no es nada comparado con lo que tengo. Sin embargo, desde que empecé a crecer, soy esclava de lo que tengo. Estoy harta de mis cadenas, deberá usted ayudarme a llevarlas.
Tras decir esto Gertrude se levantó como para indicarle al mayor que la entrevista se habÃa acabado.
TodavÃa Luttrel sujetaba su mano; ella le dio la otra mano. Permaneció con los ojos fijos en ella, como la personificación de la humildad, mientras subÃa en su pecho un suspiro de acción de gracias por su buena estrella.
Bajo la presión de las manos Gertrude sintió palpitar su garganta. Y lloró.