!Pobre Richard!
!Pobre Richard! Una vez que Richard estuvo en vÃas de curación, su estado mejoró con rapidez. Gertrude le dijo un dÃa a su feliz pretendiente:
—Mientras no esté del todo recuperado preferirÃa que Richard no supiera nada de nuestro matrimonio.
Y añadió con mucha franqueza:
—Hubo un tiempo en que él estaba enamorado de mÃ. ¿No se dio nunca cuenta, mayor? Espero que también se cure de esta triste enfermedad. Sin embargo, no espero nada razonable de él mientras no haya recobrado todas sus fuerzas y, como otras personas podrÃan comentarle mis nuevos proyectos, sugiero que, de momento, los mantengamos en secreto.
—¿Y si me lo pregunta a bocajarro? —dijo el mayor—. ¿Qué debo contestarle?
—Es poco probable que lo haga. ¿Por qué sospecharÃa tal cosa?
—Es que nuestro amigo es un tipo suspicaz.
—En ese caso, dÃgale que no estamos prometidos. Una mujer en mi situación tiene derecho a decir lo que le guste.