Washington Square
Washington Square PodrÃa pensarse que el doctor pecaba de optimismo, y eso mismo le dio a entender la señora Almond. Pero, como él mismo decÃa, ya se habÃa formado una opinión. A él le bastaba con eso y no tenÃa intención de modificarla. Llevaba toda la vida evaluando a las personas (era parte del oficio de médico) y en diecinueve de cada veinte casos acertaba.
—Quizá el señor Townsend sea el número veinte —señaló la señora Almond.
—Pudiera ser, aunque a mà no me lo parece. De todos modos, le concederé el beneficio de la duda y, para mayor seguridad, iré a hablar con la señora Montgomery. Casi con certeza me dirá que he hecho bien, aunque también podrÃa demostrarme que he cometido el mayor error de mi vida. En tal caso, le pediré perdón al señor Townsend. No es preciso que la invites para que nos conozcamos aquÃ, tal como ofreciste amablemente. Le escribiré una carta sincera, le explicaré cuál es la situación y le pediré permiso para visitarla.
—Temo que la sinceridad sólo esté de tu lado. La pobre mujer tendrá que defender a su hermano de todas todas.
—¡De todas todas! Lo dudo. La gente no siempre aprecia tanto a sus hermanos.
—Ya —dijo la señora Almond—, pero cuando la familia tiene la expectativa de recibir treinta mil dólares al año…
