Washington Square
Washington Square La señora Penniman era una mujer alta, delgada, rubia y bastante apagada, de amabilísima disposición, muy notable gentileza, aficionada a la literatura fácil y con un temperamento algo reconcentrado y tortuoso que no venía a cuento. Era romántica, era sentimental, tenía verdadera pasión por los misterios y los secretos sin importancia, una pasión sin duda inocente, pues sus secretos habían sido hasta la fecha tan poco aprovechables como un huevo podrido. No era sincera a ciencia cierta, claro que este defecto no entrañaba grandes consecuencias, pues nunca había tenido nada que ocultar. Le habría gustado tener un amante y cartearse con él bajo un nombre supuesto, dejando sus misivas en algún comercio. He de decir que su fantasía nunca llevó la intimidad más allá de esta correspondencia imaginaria. Nunca tuvo un amante, pero su hermano, que era muy perspicaz, adivinaba estos deseos. «Cuando Catherine cumpla los diecisiete —se decía—, Lavinia tratará de persuadirla de que algún joven con bigote está enamorado de ella. Y será del todo falso: ningún joven, con bigote o sin él, se enamorará jamás de Catherine. Pero Lavinia lo dará por descontado y hablará con ella; y hasta es posible que, si no se impone esa inclinación suya por lo clandestino, me lo diga también a mí. Catherine no se dará cuenta, y tampoco lo creerá, por fortuna para su paz de espíritu. La pobre Catherine no es romántica.»