Washington Square
Washington Square Esa misma noche la señora Penniman le contó a Catherine —estaban las dos sentadas en el salón del fondo— que habÃa visto a Morris Townsend, y la joven recibió la noticia con dolor. Su primera reacción fue de enfado; era prácticamente la primera vez en su vida que se enfadaba. Juzgó que su tÃa era una entrometida, y de ahà pasó a la vaga aprensión de que podÃa echarlo todo a perder.
—No entiendo por qué razón has tenido que verlo. No me parece bien —dijo.
—Me daba mucha lástima… Pensé que alguien tenÃa que hacerlo.
—Eso sólo me atañe a mà —respondió Catherine, con la sensación de que acababa de pronunciar la mayor impertinencia de su vida, aunque al mismo tiempo su instinto le decÃa que tenÃa derecho a obrar asÃ.
—Pero tú no tenÃas intención de verlo —protestó su tÃa Lavinia—, y no sé qué hubiera sido de él.
—Si no lo he visto es porque mi padre me lo ha prohibido —respondió Catherine con mucha simpleza.
Tanta simpleza, a decir verdad, que casi sacó de quicio a la señora Penniman.
—¡Y supongo que, si tu padre te prohibiese dormir, pasarÃas la noche en vela! —señaló.
—No te entiendo —dijo Catherine, mirando a su tÃa—. Te encuentro muy rara.
