Washington Square
Washington Square El doctor Sloper no tardó en comunicar su convicción a la señora Almond, con las mismas palabras con que se la anunciara a sà mismo.
—¡Diantre! ¡No va a cejar! No va a cejar.
—¿Quieres decir que va a casarse con él? —preguntó su hermana.
—Eso no lo sé; pero no se da por vencida. Tiene intención de prolongar el compromiso, con la esperanza de que yo transija.
—¿Y tú no piensas transigir?
—¿TransigirÃa un enunciado geométrico? Yo no soy tan superficial.
—¿No se ocupa la geometrÃa de las superficies? —preguntó sonriendo la señora Almond, quien, como ya sabemos, era una mujer sagaz.
—SÃ, pero se ocupa de ellas en profundidad. Catherine y ese joven son mis superficies; les he tomado las medidas.
—Hablas como si te hubieran sorprendido.
—Son inmensas. Habrá mucho que observar.
—¡Me sobrecoge tu sangre frÃa! —dijo la señora Almond.
—La necesito, con tanta sangre caliente alrededor. El señor Townsend sà que es frÃo. Tengo que reconocerle ese mérito.
—A él no puedo juzgarlo —respondió su hermana—; pero en Catherine no me sorprende.
