Washington Square
Washington Square Morris tergiversó ligeramente la situación cuando le dijo a la señora Penniman que Catherine había consentido en dar el gran paso. Dejamos a la muchacha en el momento en que se declaraba dispuesta a quemar sus naves, si bien, poco después de que Morris lograse obtener de ella esta declaración, fue consciente de que había fundadas razones para no obrar de ese modo. Aunque Morris mostró la gentileza de no fijar una fecha, en el momento de despedirse, Catherine tuvo la impresión de que él ya lo había decidido. Era evidente que la muchacha tenía sus cuitas, pero las de su circunspecto pretendiente no eran menos dignas de consideración. La recompensa era sin duda grande, mas sólo la obtendría si hallaba el feliz término medio entre la precipitación y la cautela. Todo saldría a pedir de boca si daba el salto y se encomendaba a la Providencia, pues ésta favorecía singularmente a las personas inteligentes, y las personas inteligentes se distinguían por abstenerse de poner en peligro sus propios huesos.
