Washington Square
Washington Square Si Morris Townsend no estaba incluido en este viaje, tampoco lo estaba la señora Penniman, que habría agradecido mucho la invitación, bien es verdad que (para ser justos con ella) soportó su decepción como una auténtica dama.
—Me gustaría mucho ver las obras de Rafael y las ruinas… las ruinas del Panteón —le dijo a la señora Almond—, aunque, bien mirado, tampoco lamentaré pasar unos meses sola y en paz en Washington Square. Necesito tranquilidad; he sufrido mucho en los últimos cuatro meses. —A la señora Almond le pareció una gran crueldad que su hermano no se llevase a la pobre Lavinia, aunque comprendía que, si el propósito del viaje era que Catherine olvidase a su enamorado, no le interesara dar a su hija por compañera a la mejor amiga del pretendiente. «Si Lavinia no hubiese sido tan insensata, ahora podría visitar las ruinas del Panteón», razonó finalmente, y no dejó de dolerse de la imprudencia de su hermana, aun cuando ésta le aseguró que, en muchas ocasiones, había oído describir con palabras muy persuasivas las reliquias en cuestión al señor Penniman. No se le escapaba que, con aquel viaje al extranjero, su hermano se proponía tender una trampa a la constancia de Catherine, y así se lo expresó a su sobrina con toda franqueza.
