Washington Square
Washington Square Si la señora Penniman habÃa despertado el mal genio de Catherine —a partir de este momento empezó a hablar mucho del genio de su sobrina, un rasgo que hasta la fecha nunca habÃa atribuido nadie a nuestra heroÃna—, la joven tuvo al dÃa siguiente la oportunidad de recobrar la serenidad. Su tÃa le transmitió un recado de Morris Townsend, quien pasarÃa a darle la bienvenida esa misma tarde. Llegó a la hora acordada, aunque puede imaginarse que en esta ocasión se abstuvo de entrar en el estudio del doctor Sloper. Se habÃa pasado el último año entrando y saliendo a sus anchas, de tal suerte que casi se sintió censurado al recordársele que en lo sucesivo debÃa limitar sus horizontes al salón principal, donde se hallaban los dominios de Catherine.
—Me alegra mucho que hayas vuelto —dijo—. Me hace muy feliz volver a verte. —Y la miró, sonriendo, de arriba abajo, sin dar la impresión de coincidir con la señora Penniman (que como mujer que era se fijaba más en los detalles) en el sentido de encontrarla mejorada.
