Washington Square
Washington Square Aunque se hubiera impuesto calma, Catherine preferÃa cultivar esta virtud en privado y se abstuvo de presentarse a la hora del té, que los domingos, a las seis, sustituÃa a la cena. El doctor Sloper y su hermana se sentaron frente a frente, pero ella evitó mirarlo a los ojos. A última hora de la tarde se fueron juntos, sin Catherine, a casa de la señora Almond, donde las dos hermanas discutieron la desdichada situación de su sobrina con una franqueza condicionada por mucho misterio y mucha reticencia de la señora Penniman.
—Yo estoy encantada de que no se case con ella —dijo la señora Almond—, pero creo que se merece unos latigazos de todos modos.
La señora Penniman, impresionada por la tosquedad de su hermana, replicó que Morris habÃa actuado movido por los más nobles motivos… para no empobrecer a Catherine.
—Y yo me alegro mucho de que Catherine no se vea empobrecida, pero también espero que a ese joven no le sobre nunca un penique. ¿Qué te ha dicho la pobre chica? —se interesó la señora Almond.
—Que tengo un verdadero don para el consuelo —respondió Lavinia.
