Washington Square
Washington Square El doctor Sloper fue retirándose gradualmente de su profesión y sólo visitaba a aquellos pacientes en cuyos sÃntomas reconocÃa alguna originalidad. Regresó a Europa y pasó allà dos años. Catherine lo acompañó en el viaje, y esta vez la señora Penniman se sumó al grupo. Europa, al parecer, encerraba muy pocas sorpresas para ésta, quien con frecuencia, en los lugares más románticos, señalaba: «Todo esto me resulta muy familiar». Debe añadirse que este tipo de comentarios no solÃan ir dirigidos a su hermano, y tampoco a su sobrina, sino a los turistas que tuviese más cerca o incluso al cicerone o al rebaño de cabras en primer plano.
Un dÃa, a la vuelta de este periplo, el doctor le dijo a Catherine algo que la sobrecogió, pues parecÃa surgir de un pasado muy remoto.
—Me gustarÃa que me prometieses algo antes de que muera.
—¿Por qué hablas de morir?
—Porque tengo sesenta y ocho años.
—Espero que vivas muchos más —dijo su hija.
—¡También yo lo espero! Pero algún dÃa cogeré un mal resfriado y de poco servirán las esperanzas de nadie. Asà será mi partida y, cuando llegue el momento, recuerda bien que te lo dije. Prométeme que no te casarás con Morris Townsend cuando yo falte.
