Washington Square
Washington Square —Por favor, tÃa Lavinia —repitió Catherine, levantándose de la mecedora. Se alejó rápidamente hasta la otra ventana, que estaba abierta al balcón, y allÃ, en el receso, oculta tras las cortinas blancas, estuvo mucho tiempo contemplando la cálida oscuridad. Acababa de sufrir una conmoción tremenda, como si el abismo del pasado se abriera de repente y una figura espectral surgiese de sus profundidades. HabÃa cosas que creÃa superadas, sentimientos que daba por muertos y, no obstante, parecÃan conservar todavÃa alguna vitalidad. La señora Penniman los habÃa removido. Era tan sólo una agitación pasajera, pensó Catherine: no tardarÃa en extinguirse. Estaba temblando y le latÃa con fuerza el corazón, pero también esto pasarÃa. Y entonces, mientras aguardaba que volviese la calma, rompió a llorar. De todos modos, sus lágrimas brotaron en silencio, de manera que su tÃa no llegó a darse cuenta. Y quizá porque la señora Penniman se temÃa aquellas lágrimas, esa noche no volvió a decir nada de Morris Townsend.