Washington Square
Washington Square Morris Townsend hizo una pausa en su conversación con la señora Penniman y esbozó una leve sonrisa. Después se levantó, como si se dispusiera a marcharse.
—Temo no poder devolverte el cumplido —le dijo a su primo—. En cuanto a la señorita Sloper, eso es otro cantar.
A Catherine le pareció una respuesta extraordinariamente acertada. Sin embargo, se sonrojó y se puso en pie. Morris Townsend se quedó mirándola. SeguÃa sonriendo. Le tendió la mano para despedirse. Y aun en aquellas circunstancias la muchacha se alegró de haberlo visto.
—¡Ya le diré lo que me ha dicho… cuando se vaya usted! —dijo la señora Penniman con una risita muy elocuente.
Catherine se ruborizó, pues casi tenÃa la sensación de que se estaban burlando de ella. ¿Qué demonios podÃa haber dicho de ella aquel joven tan guapo? Él seguÃa mirándola, a pesar de su rubor, aunque con mucha amabilidad y respeto.
—No he tenido ocasión de hablar con usted —dijo Morris—, y ésa era la razón de mi visita. Pero también será una buena razón para volver en otro momento; un pequeño pretexto… si es que estoy obligado a dar alguno. No tengo ningún miedo a lo que pueda decir su tÃa cuando me haya marchado.