Washington Square
Washington Square Con esto los dos caballeros se retiraron, y Catherine, que seguÃa ruborizada, dirigió a su tÃa una mirada interrogante y grave. Era incapaz de artificios elaborados y nunca echaba mano de bromas para averiguar lo que deseaba, como tampoco recurrÃa a la afectación de insinuar que se tenÃa por ofendida.
—¿Qué ibas a decirme? —preguntó.
La señora Penniman se acercó, con una sonrisa y un leve asentimiento de cabeza, la miró de arriba abajo y le ajustó con un gesto la lazada del cuello.
—¡Es un gran secreto, mi querida niña! Pero ha venido a cortejarte.
Catherine se puso seria y se quedó callada.
—¿Eso te ha dicho?
—No lo ha dicho exactamente, pero lo ha dado a entender. Y yo soy buena entendedora.
—¿Entendiste que venÃa a cortejarme a mÃ?
—Desde luego que a mà no, señorita. Aunque tengo que reconocer que es cien veces más educado que la mayorÃa de los caballeros de su edad, al encomendarse a una persona como yo, que ya no es precisamente joven. No es en mà en quien está pensando. —Y la señora Penniman le dio a su sobrina un beso muy cariñoso—. Tienes que tratarlo con mucha cortesÃa.
Catherine estaba perpleja.
—No te comprendo —dijo—. No me conoce.