Washington Square
Washington Square —Ah, sà que te conoce. Más de lo que imaginas. Se lo he contado todo de ti.
—¡TÃa Lavinia! —musitó Catherine, como si aquello fuera un abuso de confianza—. Pero si no lo conocemos; no sabemos nada de él. —HabÃa una infinita modestia en el uso del plural por parte de la pobre muchacha.
Su tÃa no lo tuvo en cuenta.
—Mi querida Catherine, sabes muy bien cuánto lo admiras —respondió, casi con acritud.
—¡TÃa Lavinia! —fue cuanto Catherine acertó a murmurar una vez más. Bien pudiera ser que lo admirase, mas no creÃa que debiera expresar su admiración. Y, si aquel radiante desconocido, aquella repentina aparición que apenas le habÃa oÃdo la voz ya manifestaba un interés romántico por ella, conforme a la expresión que acababa de emplear su tÃa, sólo podÃa ser fruto de las fantasÃas de la buena mujer, pues de todos era sabido que la señora Penniman tenÃa una imaginación portentosa.