Washington Square
Washington Square —Por eso me gusta usted; por su naturalidad. Le ruego que me disculpe —añadió—. Como ve, también yo soy natural.
Y, antes de que Catherine pudiese decidir si lo disculpaba o no —más tarde, cuando tuvo tiempo de pensarlo, concluyó que s×, el señor Townsend se puso a hablar de música y aseguró que era el mayor de los placeres de la vida. HabÃa tenido la oportunidad de escuchar a todos los grandes cantantes en ParÃs y Londres —a Pasta, a Rubini y a Lablache—, y después de esa experiencia uno estaba en condiciones de afirmar que entendÃa de canto.
—Yo canto un poco —dijo—. Algún dÃa se lo demostraré. Hoy no; en cualquier otro momento.
Y se levantó con intención de marcharse. Omitió decir, por descuido, que cantarÃa para ella si ella tocaba para él. Se acordó luego, cuando salió a la calle, pero bien pudo haberse ahorrado sus reparos, porque Catherine no se percató del lapsus. Sólo pensaba en lo maravilloso que habÃa sonado ese «cualquier otro momento», como una puerta abierta al futuro.