Washington Square
Washington Square Razón de más, pese a lo avergonzada y lo incómoda que se sentÃa, para decirle a su padre que el señor Townsend habÃa vuelto. Lo anunció con brusquedad, casi con violencia, en cuanto lo vio entrar en casa. Dicho lo cual —era su deber— se apresuró a retirarse. Pero no se dio prisa suficiente. Su padre la llamó cuando llegaba a la puerta.
—Dime, querida, ¿te ha pedido hoy en matrimonio? —preguntó.
Ésa era precisamente la pregunta que Catherine más temÃa y no habÃa preparado una respuesta. Claro es que habrÃa podido tomárselo a broma, pues a buen seguro tal era la intención de su padre, como también su negativa podrÃa haber sido un poco más contundente, un poco más seca, para que, de ese modo, el doctor acaso no volviera a preguntar. A Catherine no le gustó; se sintió herida. Pero no sabÃa ser seca; se quedó un momento en silencio, con la mano en el pomo de la puerta, miró a su satÃrico padre y soltó una leve carcajada.
«¡Decididamente —pensó el doctor— mi hija no es lista!»
No habÃa terminado de hacer esta reflexión cuando a Catherine se le ocurrió una idea. Resolvió, en la medida de lo posible, tomárselo a chanza.
—Quizá me lo pida la próxima vez —respondió, repitiendo la carcajada. Y se escabulló sin más tardanza.