Washington Square
Washington Square El doctor no se movió: no sabía si su hija hablaba en serio. Catherine fue derecha a su habitación y, al llegar, cayó en la cuenta de que podría haber dicho otra cosa, de que podría haber dado una respuesta mejor. Casi le entraron ganas de que su padre le hiciese la misma pregunta para poder contestar: «Sí, el señor Morris Townsend me ha pedido en matrimonio, y lo he rechazado».
Su padre, de todos modos, empezó a indagar en otros ambientes. Pensó, como es natural, que debía informarse debidamente sobre aquel apuesto joven que había tomado la costumbre de frecuentar su casa cuando le venía en gana. Se dirigió a su hermana mayor, la señora Almond. No fue a verla expresamente, pues no tenía tanta urgencia, pero sí le envió una nota como primera providencia. Él nunca se apresuraba, nunca se impacientaba ni se ponía nervioso: tomaba notas de todo y las consultaba con regularidad. A su debido tiempo, la información de la señora Almond sobre Morris Townsend se incorporó a su colección de notas.
—Lavinia ya ha venido a preguntarme —dijo la señora Almond—. Está muy ilusionada. No lo entiendo. A fin de cuentas, no es en ella en quien el joven ha puesto sus miras. Lavinia es muy particular.
—Querida mía —respondió el doctor—. No creas que en los doce años que lleva viviendo conmigo he pasado por alto ese detalle.