Washington Square
Washington Square Al dÃa siguiente, por la tarde, el doctor se quedó en casa, aguardando la visita del señor Townsend, convencido (acaso con toda justicia, pues era un hombre muy ocupado) de que con esta providencia le hacÃa un gran honor al pretendiente de su hija y no daba a los enamorados motivos de queja. Morris se presentó con semblante sereno —daba la impresión de haber olvidado el «insulto» que lo llevara a solicitar la compasión de Catherine dos dÃas antes—, y el doctor Sloper no perdió un segundo en hacerle saber que estaba preparado para este encuentro.
—Catherine me contó ayer lo que ha surgido entre ustedes dos —dijo—. PermÃtame decirle que habrÃa sido lo correcto de su parte ponerme al corriente de sus intenciones antes de llegar tan lejos.
—Y asà lo habrÃa hecho —respondió Morris—, si no hubiera sido porque usted aparenta dejar a su hija plena libertad. Considero que Catherine es dueña de sus actos.
—Lo es, literalmente. Claro que hasta la fecha no se ha emancipado moralmente, asà lo espero, al punto de elegir marido sin consultarlo conmigo. Le he dejado libertad, lo cual no significa de ninguna manera que me sea indiferente. Lo cierto es que esta relación se le ha subido a la cabeza con una celeridad que me asombra. Catherine acaba de conocerlo a usted.
