El loco de Dios en el fin del mundo
El loco de Dios en el fin del mundo A veces pensaba que habÃa escrito todo ese libro para justificar una pregunta. O tal vez para no dejarla sola. Porque esa pregunta —¿volverá mi madre a ver a mi padre?— era también una forma de amor.
La literatura no me habÃa dado respuestas. Pero sà me habÃa permitido formular la pregunta con dignidad. Y el Papa me la habÃa respondido con ternura.
—¿Y si el amor no se extingue? —me pregunté una tarde, caminando solo por el campo, donde habÃa enterrado a mis padres—. ¿Y si, de alguna forma que no entendemos, sigue existiendo?
Tal vez la respuesta era no. Tal vez era sÃ. Tal vez no importaba.
Lo que importaba era haber hecho la pregunta. Y haber encontrado a alguien, en el fin del mundo, que se atreviera a responderla sin vacilar.
Con toda seguridad.
FIN de El loco de Dios en el fin del mundo