La decisión más difÃcil
La decisión más difÃcil —¿Por qué lo haces? —preguntó Kate, con voz suave, mientras jugaba con los bordes de su manta. Anna se quedó en la puerta, incapaz de cruzar el umbral. —Porque quiero algo para mÃ. No sé qué es, pero sé que no puedo seguir asÃ. Kate sonrió, pero era una sonrisa cargada de tristeza. —Te entiendo, ¿sabes? No tienes que decirlo, pero yo sé cuánto me odias. —¡No es cierto! —Anna se adelantó, sus palabras salieron como un grito, un rayo de sinceridad—. No te odio, Kate. Solo odio lo que esto me ha hecho.
El silencio que siguió fue tan denso que parecÃa llenar la habitación. Las hermanas se miraron, cada una entendiendo el peso que la otra llevaba.
Mientras tanto, Jesse se dedicaba a lo que mejor sabÃa hacer: desaparecer. Pero su desaparición era su forma de ser visto, aunque nadie en casa parecÃa notarlo. Esa noche, mientras el resto de la familia se refugiaba en sus propios pensamientos, Jesse regresó cubierto de hollÃn, después de haber provocado otro incendio. Pero en lugar de ir a su habitación, encontró a su padre en la estación de bomberos.