La decisión más difícil
La decisión más difícil El silencio fue absoluto. Sara la miró como si no pudiera comprender lo que acababa de escuchar. —¿Qué dices? —murmuró, pero Kate no la miró. —Yo le pedí a Anna que dejara de hacerlo. No puedo seguir viviendo así. No quiero que mi vida siga destruyendo a los demás.
Las palabras de Kate eran un golpe directo, no solo para Sara, sino para toda la familia. Campbell miró a Anna, y vio que las lágrimas finalmente rodaban por su rostro. Este era el verdadero núcleo del caso, no solo el control del cuerpo de Anna, sino la verdad que Kate había guardado durante años: su deseo de dejar ir.
Cuando el juez dictó su sentencia a favor de Anna, no hubo gritos de celebración ni explosiones de alegría. Solo un profundo silencio, como si cada persona en la sala estuviera reflexionando sobre lo que se había perdido para llegar a ese momento.
Esa noche, la casa Fitzgerald estaba en calma por primera vez en semanas. Sara se sentó junto a Kate, sosteniéndole la mano, mientras Brian y Anna observaban desde la puerta. Jesse, como siempre, estaba ausente, pero incluso en su soledad, sabía que algo había cambiado.
—Lo siento, mamá —susurró Kate. Sara la miró, su rostro cubierto de lágrimas, y negó con la cabeza. —No, cariño. Soy yo quien lo siente.