La vieja guardia
La vieja guardia Los reclutas viajan en un transbordador hacia la estación de las FDC en órbita. Mil ancianos, todos con la misma pregunta en la cabeza: ¿qué nos van a hacer?
Un hombre se sienta junto a John, alargando la mano.
—Thomas Benton.
—John Perry.
—¿Listo para volver a ser joven?
John suelta una carcajada.
—Si eso es lo que nos prometieron, estoy listo para lo que sea.
Pero no es cierto. Nadie está listo para lo que viene.
Cuando el transbordador se acopla a la estación, un oficial los guÃa por pasillos metálicos hasta un salón donde se da la última orientación.
—Bienvenidos a las Fuerzas de Defensa Coloniales —dice una mujer de uniforme. Piel perfecta, músculos tonificados, no parece mayor de treinta años.
—Lo primero que deben saber —continúa— es que, desde el momento en que se alistaron, dejaron de ser ciudadanos de la Tierra. No pueden volver.
Un murmullo inquieto recorre la sala. John solo aprieta los labios. Lo sabÃa, pero escucharlo asÃ, en frÃo, golpea diferente.
