La perla
La perla Kino se levantó, envuelto en su manta, y salió al exterior. El aroma del mar le llenó los pulmones mientras el primer destello del sol pintaba las aguas de un dorado líquido. Era una mañana como cualquier otra. Pero eso estaba a punto de cambiar.
Dentro de la choza, Juana había comenzado a preparar las tortas de maíz, moviendo rítmicamente la piedra de moler. Todo parecía formar parte de una canción ancestral, la Canción Familiar, que resonaba en la mente de Kino mientras contemplaba el horizonte.
Un grito rompió la calma. Kino giró de inmediato hacia el interior de la choza, su corazón golpeando con un ritmo que ahogaba todos los sonidos. Juana estaba junto a la cuna, susurrando oraciones en voz baja mientras una sombra negra descendía por la cuerda de la que colgaba Coyotito. Un escorpión.
—¡No te muevas! —susurró Kino, avanzando lento como un depredador acechando a su presa. Pero antes de que pudiera atraparlo, el escorpión cayó, impactando sobre el hombro del bebé y descargando su veneno.
El llanto de Coyotito llenó la choza como un aullido desgarrador. Kino aplastó al escorpión con una furia que hacía temblar sus manos, mientras Juana, con una calma aterradora, alzó al bebé y comenzó a succionar la herida, escupiendo el veneno con determinación.
