Milei
Milei Más allá de la economía, Milei libra una guerra cultural. Su cruzada no es solo contra el Estado o los impuestos, sino contra lo que llama “marxismo cultural”: feminismo, derechos LGBTQ+, lenguaje inclusivo, ambientalismo, educación con perspectiva de género. Todo eso, según su narrativa, forma parte de un plan globalista para destruir los valores de Occidente. En ese marco, el progresismo no es una corriente política sino una amenaza civilizatoria. El liberalismo clásico que dice defender queda absorbido por un conservadurismo que exige orden moral, jerarquías tradicionales y represión de lo diferente. La libertad individual se reivindica mientras se niega el derecho a la identidad de género, la autodeterminación sexual o la diversidad cultural. Se defiende la meritocracia pero se ataca a los que reclaman igualdad de oportunidades. Esta agenda reactiva encuentra eco en sectores que se sienten desplazados por los avances sociales, y Milei les da voz, legitimidad y un enemigo claro. Lo políticamente incorrecto se convierte en virtud. La ofensa en herramienta. El odio en consigna. Lo que se propone no es solo un cambio de gobierno, sino una restauración moral, donde el Estado no desaparece, sino que vuelve a decir lo que está bien y lo que está mal.