Yawar fiesta
Yawar fiesta —Tal vez fuiste humano —dijo el sargento, y se marchó sin saludar.
Las autoridades regionales intentaron tomar represalias: expedientes, citaciones, amenazas. Pero no prosperaron. Nadie querÃa encender un conflicto mayor. El Yawar Fiesta habÃa demostrado algo esencial: los ayllus, sin armas, sin lÃderes, podÃan organizarse con precisión letal. Reprimirlos ahora serÃa reconocer su fuerza.
Algunos mestizos, oportunistas de siempre, intentaron apropiarse del triunfo, pero fueron rechazados con educación cortante. Los comuneros sabÃan quién estuvo con ellos y quién no. Los lazos nacidos en la puna, entre sogas y danzas, no se olvidan con discursos.
En el campo, las historias del Misitu ya eran leyenda. Los niños crecÃan oyendo su nombre como sinónimo de rebeldÃa. En cada ronda de coca, alguien decÃa:
—Ese toro murió como mueren los nuestros: peleando hasta el último aliento.
Y aunque los rituales continuaban, nada volvió a ser exactamente igual. El pueblo habÃa descubierto su capacidad de articularse, de hablar sin palabras, de desafiar sin violencia directa. Era una forma de poder tan antigua como los cerros y tan moderna como el miedo que generaba en los despachos de la capital.