Yawar fiesta
Yawar fiesta La prohibición sacudió la estructura del pueblo. Los mistis celebraron en silencio, esperando que la modernidad borrara también los ayllus. Algunos mestizos sonrieron por lo bajo. Pero los indios… los indios callaron. No por miedo, sino por cálculo. SabÃan que responder demasiado rápido serÃa mostrar las cartas antes de tiempo.
En la plaza, el sargento de la Guardia Civil leyó la orden frente a la Municipalidad:
—Por disposición del Prefecto, queda suprimida la corrida indÃgena por atentar contra la civilización y el orden público.
Las palabras retumbaron como piedras en un pozo seco. Nadie aplaudió. Nadie protestó. Solo los perros ladraron, como si entendieran que algo sagrado acababa de ser insultado.
En los dÃas siguientes, comenzaron las reuniones secretas. Bajo la sombra de los molles y las piedras tutelares, los comuneros debatieron con la furia justa. No se trataba solo de una fiesta. Se trataba de su dignidad. De demostrar que seguÃan vivos.
—Si no hay Yawar, no hay respeto —dijo don Timoteo, y su voz parecÃa salir de la montaña misma—. Si dejamos que nos quiten esto, mañana nos quitarán el agua, el maÃz y hasta el alma.
