La profecía del abad negro
La profecía del abad negro La abadía en ruinas había sido dirigida por un abad oscuro, un hombre acusado de herejía y sacrilegios. Se decía que practicaba rituales prohibidos y que, antes de morir, dejó una última profecía:
"Cuando la sombra reclame su dominio, la sangre abrirá la puerta y el abad negro regresará."
Ada cerró el libro. Algo en esas palabras la perturbó. No creía en historias de fantasmas, pero ¿por qué sentía un nudo en el estómago?
Entonces, alguien tocó la puerta.
Ada se sobresaltó. Miró el reloj: pasaban de la medianoche. Quién podría estar llamando a esa hora.
Se acercó lentamente y abrió.
No había nadie.
Solo la noche. Y un viento helado que arrastró un susurro a través del umbral.
Un susurro que, por un instante, pareció decir su nombre.
El amanecer trajo una calma engañosa. Ada intentó convencerse de que lo de anoche solo había sido su imaginación. Un mal sueño, producto del cansancio y la sugestión. Pero cuando bajó a la cocina, vio la puerta entreabierta.
No recordaba haberla dejado así.
La cerró con cuidado y respiró hondo. No hay nadie aquí.
