La profecía del abad negro
La profecía del abad negro SOMBRAS EN LAS PIEDRAS Las ruinas eran un esqueleto de piedra, cubiertas de hiedra y musgo. La luna iluminaba los arcos derruidos, proyectando sombras alargadas sobre el suelo.
Ada avanzó con cautela, sintiendo el crujido de hojas secas bajo sus botas. El viento soplaba entre las paredes rotas, produciendo un murmullo inquietante.
Algo en el aire se sentía pesado.
Llegó al centro de la abadía, donde un altar de piedra seguía en pie. Sobre su superficie, apenas visible, una inscripción en latín.
"Sanguis est clavis."
La sangre es la llave.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Ada…
El susurro la hizo girar de golpe. No había nadie.
Pero entonces, lo vio.
En el extremo de la abadía, bajo un arco en sombras, una figura. Alta, encapuchada, inmóvil.
El miedo se le clavó en el pecho.
—¿Quién está ahí? —su voz tembló.
La figura no respondió. Solo la observaba.
Y luego, sin hacer ruido, desapareció.
Ada salió corriendo.