El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 8:15 Pero yo soy el Señor tu Dios, cuyas olas se embravecieron; el Señor de los Ejércitos es mi nombre.
8:16 Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, para yo extender los cielos, y fundar los cimientos de la tierra, y decir a Sión: He aquí, tú eres mi pueblo.
8:17 ¡Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, tú que has bebido de la mano del Señor el cáliz de su furor; que has bebido del cáliz de temor hasta las heces!
8:18 De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió.
8:19 A ti han venido estos dos hijos que te compadecerán —tu asolamiento y destrucción, y el hambre y la espada— y ¿con quién te consolaré yo?
8:20 Tus hijos desfallecieron con excepción de estos dos; se hallan tendidos en las encrucijadas de todas las calles; como toro salvaje en una red, llenos están del furor del Señor, de la reprensión de tu Dios.
8:21 Por tanto, oye esto ahora, tú, afligida y ebria, mas no de vino,