El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 9:40 ¡Oh, amados hermanos míos, escuchad mis palabras! Recordad la grandeza del Santo de Israel. No digáis que he hablado cosas duras contra vosotros, porque si lo hacéis, ultrajáis la verdad; pues he hablado las palabras de vuestro Hacedor. Sé que las palabras de verdad son duras contra toda impureza; mas los justos no las temen, porque aman la verdad y son constantes.
9:41 Así pues, amados hermanos míos, venid al Señor, el Santo. Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él; y el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.
9:42 Y al que llamare, él abrirá; y los sabios, y los instruidos, y los que son ricos, que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá.
9:43 Mas las cosas del sabio y del prudente les serán encubiertas para siempre; sí, esa felicidad que está preparada para los santos.