El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 36:5 Ahora bien, he aquÃ, te digo que si no hubiese nacido de Dios, no habrÃa sabido estas cosas; pero por boca de su santo ángel, Dios me ha hecho saber estas cosas, no por dignidad alguna en mÃ.
36:6 Porque yo andaba con los hijos de MosÃah, tratando de destruir la iglesia de Dios; mas he aquÃ, Dios envió a su santo ángel para detenernos en el camino.
36:7 Y he aquÃ, nos habló como con voz de trueno, y toda la tierra tembló bajo nuestros pies; y todos caÃmos al suelo porque el temor del Señor nos sobrevino.
36:8 Mas he aquÃ, la voz me dijo: ¡Levántate! Y me levanté y me puse de pie y vi al ángel.
36:9 Y me dijo: A menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios.
36:10 Y aconteció que caà al suelo; y por el espacio de tres dÃas y tres noches no pude abrir mi boca, ni hacer uso de mis miembros.
36:11 Y el ángel me dijo más cosas que mis hermanos oyeron, mas yo no las oÃ. Porque al oÃr las palabras —a menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios— me sentà herido de tan grande temor y asombro de que tal vez fuese destruido, que caà al suelo y no oà más.