El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 58:22 Y se logró esto porque los lamanitas permitieron que todo su ejército, salvo unos cuantos guardias, se dejara llevar al desierto.
58:23 Y ocurrió que por este medio Gid y Teómner se habían apoderado de sus plazas fuertes. Y aconteció que después de haber viajado mucho por el desierto, fijamos nuestro curso hacia la tierra de Zarahemla.
58:24 Y cuando los lamanitas vieron que iban marchando hacia la tierra de Zarahemla, temieron en gran manera, no fuese que se tratara de un plan para llevarlos a la destrucción; por tanto, empezaron a retroceder de nuevo al desierto, sí, por el mismo camino por el que habían venido.
58:25 Y he aquí, llegó la noche y plantaron sus tiendas, porque los capitanes en jefe de los lamanitas habían supuesto que los nefitas estarían rendidos por motivo de su marcha; y pensando que habían perseguido a todo el ejército, ningún cuidado tenían concerniente a la ciudad de Manti.
58:26 Y aconteció que al caer la noche, hice que mis hombres no durmieran, sino que emprendieran la marcha por otro camino hacia la tierra de Manti.
58:27 Y debido a ésta, nuestra marcha nocturna, he aquí, cuando amaneció nos encontrábamos más allá de los lamanitas, de manera que llegamos antes que ellos a la ciudad de Manti.