El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 10:3 Y acaeció que mientras asà meditaba —hallándose muy desanimado por motivo de la perversidad de los nefitas, sus secretas obras de tinieblas, y sus asesinatos, y sus robos, y toda clase de iniquidades— sucedió que mientras meditaba de esta manera en su corazón, he aquÃ, llegó a él una voz, diciendo:
10:4 Bienaventurado eres tú, Nefi, por las cosas que has hecho; porque he visto que has declarado infatigablemente a este pueblo la palabra que te he dado. Y no les has tenido miedo, ni te has afanado por tu propia vida, antes bien, has procurado mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos.
10:5 Y porque has hecho esto tan infatigablemente, he aquÃ, te bendeciré para siempre, y te haré poderoso en palabra y en hecho, en fe y en obras; sÃ, al grado de que todas las cosas te serán hechas según tu palabra, porque tú no pedirás lo que sea contrario a mi voluntad.
10:6 He aquÃ, tú eres Nefi, y yo soy Dios. He aquÃ, te lo declaro, en presencia de mis ángeles, que tendrás poder sobre este pueblo, y herirás la tierra con hambre, y con pestilencia y destrucción, de acuerdo con la iniquidad de este pueblo.
10:7 He aquÃ, te doy poder, de que cuanto sellares en la tierra, sea sellado en los cielos; y cuanto desatares en la tierra, sea desatado en los cielos; y asà tendrás poder entre este pueblo.