Los muertos
Los muertos Claro está que aquella noche tenÃan sobrada razón para estar inquietas. Eran ya más de las diez y Gabriel y su mujer no habÃan dado aún señales de vida. Además tenÃan miedo de que Freddy se presentara borracho y no querÃan por nada del mundo que ninguna de las alumnas de Mary Jane lo viera en ese estado. Era muy difÃcil hacer carrera de él cuando estaba asÃ. Freddy Malins siempre llegaba tarde, pero no comprendÃan qué les habÃa podido pasar a Gabriel y a su mujer. Y ésa era la razón por la que se asomaban por el pasamanos de la escalera: para preguntarle a Lily si Gabriel o Freddy habÃan llegado.
—¡Oh, señor Conroy! —le dijo Lily a Gabriel al abrirle la puerta—. La señorita Kate y la señorita Julia estaban ya impacientes esperando su llegada. Buenas noches, señora Conroy.
—Seguro que lo estaban —respondió Gabriel—. Pero se olvidan de que mi mujer necesita tres horas largas para arreglarse.
Se quedó de pie sobre el felpudo de la entrada, quitándose la nieve de los chanclos, mientras Lily acompañaba a su mujer al pie de la escalera y exclamaba, mirando hacia arriba:
—Señorita Kate, aquà está la señora Conroy.
