Ulises
Ulises Ella confía en mí, su mano suave, los ojos de largas pestañas. ¿Ahora dónde en nombre del tierno infierno la estoy trayendo detrás del velo? En la ineluctable modalidad de la ineluctable visualidad. Ella, ella, ella. ¿Qué ella? La virgen ante el escaparate de Hodges Figgins[52], el lunes, buscando uno de los libros alfabéticos que tú ibas a escribir. Aguda mirada le lanzaste. La correa de su sombrilla trenzada alrededor de la muñeca. Ella vive de pesar y golosinas en el parque Leeson: una mujer de letras. Habla de eso a alguien más, Stevie: una ligona. Apostaría a que ella usa de esos endemoniados corsés elásticos, y medias amarillas, zurcidas con lana aterronada. Habla de pasteles de manzana, piuttosto[53]. ¿Dónde tienes los sesos?
Acaríciame. Ojos suaves. Mano suave, suave, suave. Estoy tan solo aquí. ¡Oh!, acaríciame pronto, ahora. ¿Cuál es esa palabra que todos los hombres saben? Estoy quieto aquí, solo. Triste también. Tócame, tócame.