Ulises

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Se recostó cuan largo era sobre las agudas rocas, metiendo las hojas garabateadas y el lápiz dentro de un bolsillo, el sombrero echado sobre los ojos. Ese movimiento que hice es el de Kevin Egan cabeceando para su siesta, sueño sabático. Et vidit Deus. Et erant valde bona[54]. Aló! Bonjour; bien venido como las flores en mayo. Bajo el ala del sombrero observó, a través de inquietas pestañas de pavo real, el sol camino del sur. Estoy preso en esta escena ardiente. Hora de Pan, faunesco mediodía. Entre plantas-serpientes gomapesadas, frutos lecherrezumantes, allí donde las hojas yacen extendidas sobre aguas morenas. El dolor está lejos.

Y no más arrinconarse y cavilar[55].

Su mirada acarició cavilosa sus anchas botas, desechos nebeneinander de un gamo. Contó las arrugas del ajado cuero a cuyo calor el pie de otro había anidado. El pie que golpea el suelo en tripudium[56], pie que no amo. Pero estabas encantado con el zapato de Ester Osvalt: chica que conocí en París. Tiens, quel petit pied! Amigo fiel, alma fraterna: amor de Wilde[57] que no osa decir su nombre. Ahora él me va a dejar. ¿Quién tiene la culpa? Tal como soy. Como soy. Todo o nada.



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