Ulises
Ulises Hizo entrar a la fuerza el libro en un bolsillo interior, y golpeándose los dedos del pie contra la cómoda rota, salió de prisa hacia el olor, caminando apresuradamente escaleras abajo con piernas de cigüeña agitada. Un humo acre subía en irritado surtidor de un lado de la sartén. Clavando una punta del tenedor bajo el riñón lo separó de la sartén y le dio la vuelta. Sólo un poco quemado. Lo hizo saltar de la sartén a un plato y dejó gotear encima la escasa salsa ennegrecida.
Ahora una taza de té. Se sentó, cortó y untó de mantequilla una rebanada de pan. Recortó la carne quemada y la tiró a la gata. Luego se puso en la boca un bocado, masticando con discernimiento la sabrosa carne tierna. A punto. Un trago de té. Luego cortó pedacitos de pan, empapó uno en la salsa y lo llevó a la boca. ¿Qué era eso de un joven estudiante y un picnic? Desdobló la carta a un costado, leyéndola lentamente mientras masticaba, mojaba otro pedacito de pan en el jugo y lo llevaba a la boca.
Queridísimo papi: