Ulises
Ulises Ofreció un cigarrillo al profesor y él también cogió uno. Lenehan encendió un fósforo para ellos y dio fuego a sus cigarrillos por turno. J. J. O’Molloy abrió una vez más su pitillera y la ofreció.
—Thanky vous[40] —dijo Lenehan sirviéndose.
El director regresó de la oficina con el sombrero de paja inclinado sobre la frente. Señalando severamente al profesor MacHugh declamó cantando:
Fueron el rango y la fama los que te tentaron,
El imperio fue el que sedujo tu corazón[41].
El profesor sonrió apretando sus largos labios.
—¿Cómo es eso, jodido viejo Imperio Romano? —dijo Myles Crawford.
Tomó un cigarrillo de la pitillera abierta. Lenehan, encendiéndoselo con rápida gracia, dijo:
—¡Silencio para mi último acertijo!
—Imperium romanum —dijo dulcemente J. J. O’Molloy—. Suena más noble que Británico o Brixtano[42]. La palabra le hace recordar a uno de algún modo la grasa en el fuego.
Myles Crawford sopló violentamente hacia el techo su primera bocanada.
—Así es —dijo—. Somos la grasa. Ustedes y yo somos la grasa en el fuego. No tenemos siquiera las ventajas de una bola de nieve en el infierno.