Ulises
Ulises Tiró en medio de ellas una pelota de papel arrugado. ElÃas treinta y dos pies por seg está lleg[4]. No es poco. La pelota se balanceó despreciada sobre la marejada, flotó debajo del puente más allá de los pilares. No son tan tontas. También el dÃa que tiré ese pastelillo rancio del Rey de Erin lo recogieron en la estela cincuenta yardas a popa. Viven gracias a su ingenio. Dieron vueltas, batiendo alas.
Y sintiendo del hambre el acicate
La famélica gaviota el vuelo abate.
Asà es como escriben los poetas, sonidos similares. Pero sin embargo Shakespeare no tiene rimas: versos blancos. Es el torrente del lenguaje. Los pensamientos. Solemne.
Yo soy, Hamlet, el espectro de tu padre
Condenado a este viaje por el mundo[5].
—¡Dos manzanas por un penique! ¡Dos por un penique!
Su mirada paseó por las lustrosas manzanas apretadas sobre el mostrador. A esta altura del año deben de ser australianas. Cáscaras brillantes: las lustra con un trapo o con el pañuelo.
Espera. Esos pobres pájaros.