Ulises
Ulises Una procesión de hombres de blusas blancas marchaba lentamente hacia él a lo largo del arroyo, bandas escarlata cruzadas en sus carteles. Oportunidades. Están como ese sacerdote esta mañana: hemos pecado: hemos sufrido. Leyó las letras escarlata sobre sus cinco altos sombreros blancos: H.E.L.Y.S. Wisdom Hely’s[12]. La Y, rezagándose, sacó un pedazo de pan de debajo de su cartel delantero, se lo metió en la boca y siguió caminando mientras masticaba. Nuestro alimento principal. Tres chelines al día, caminando a lo largo del arroyo, calle tras calle. Solamente alcanza para conservar juntos la piel y los huesos, pan y una mísera sopa. No son de Boyl: no: son los hombres de M’Glade[13]. Esto tampoco estimula los negocios. Le sugerí algo así como un carromato de exhibición transparente con dos chicas vistosas sentadas dentro escribiendo cartas, cuadernos, sobres, papel secante. Apuesto a que eso habría resultado. Chicas elegantes escribiendo algo llaman la atención en seguida. Todo el mundo muriéndose por saber lo que ella está escribiendo. Basta mirar hacia arriba para que se reúnan veinte personas alrededor de uno. Hay que dar en la tecla. Las mujeres también. Curiosidad. Estatua de sal. Naturalmente no lo aceptó porque no se le ocurrió a él primero. O el tintero que le sugerí con una falsa mancha de celuloide negro. Sus ideas para anuncios son como la de la carne envasada Ciruelo debajo de las esquelas fúnebres, departamento de fiambres. No se pueden separar. ¿Qué? Nuestros sobres. ¡Hola! Jones, ¿adónde vas? No puedo detenerme, Robinson, voy a comprar el único borratinta de confianza, Kansell, que vende Hely’s Ltd., Dame Street, 85. Bien fuera de ese lío estoy yo. Era un trabajo de todos los diablos cobrar cuentas en esos conventos. Convento Tranquilla[14]. Había una guapa monja allí, una cara realmente agradable. La toca le sentaba muy bien a su cabecita. ¿Hermana? ¿Hermana? Por sus ojos estoy seguro de que había tenido penas de amor. Muy difícil tener tratos con esa clase de mujer. Interrumpí devociones aquella mañana. Pero contenta de comunicarse con el mundo exterior. Nuestro gran día, dijo ella. Fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Dulce nombre también: caramelo. Ella sabía, yo creo que ella sabía por la forma que ella. Si ella se hubiera casado habría cambiado. Supongo que realmente andaban escasas de dinero. A pesar de eso freían todo con la mejor mantequilla. Nada de grasa de cerdo para ellas. Mi corazón está despedazado de comer grasa. Les gusta enmantequillarse por todos los lados. Molly probándola, su velo levantado. ¿Hermana? Pat Claffey, la hija del usurero. Dicen que fue una monja la que inventó el alambre de púas.