Ulises
Ulises —Toda la noche se la pasó desvariando acerca de una pantera negra —dijo Stephen—. ¿Dónde está la cartuchera de su revólver?
—Es un lunático temible —dijo Mulligan—. ¿TenÃas miedo?
—Sà —exclamó Stephen con energÃa y renovado temor—. Estar ahà en la oscuridad con un hombre a quien no conozco y que delira y gime por una pantera negra que quiere matar. Tú salvaste a algunos hombres que se ahogaban. Pero yo no soy un héroe. Si él se queda, yo me voy.
Buck Mulligan le arrugó el entrecejo a la espuma de su navaja. Descendió de su sitio y empezó a buscar afanosamente en los bolsillos de sus pantalones.
—¡Demonio! —dijo ásperamente.
Se dirigió a la plataforma, y metiendo una mano en el bolsillo de Stephen, dijo:
—Haznos el obsequio de tu limpiamocos para enjugar mi navaja.
Stephen aguantó que sacara y exhibiera, sosteniéndolo de una punta, un pañuelo arrugado y sucio. Buck Mulligan limpió la navaja cuidadosamente. Después, mirando sobre el pañuelo, dijo:
—El trapo de nariz del bardo. Un nuevo color artÃstico para nuestros poetas irlandeses: verde moco. Casi puedes sentirle el gusto, ¿no es cierto?