Ulises
Ulises La alegre voz de Buck Mulligan siguió:
—Mi nombre también es absurdo. Malachi[6] Mulligan, dos esdrújulos. Pero tiene un sonido helénico, ¿verdad? Ágil y soleado como el mismo gamo. Tenemos que ir a Atenas. ¿Vendrás conmigo si consigo que la tía suelte veinte libras?
Dejó la brocha a un lado y gritó, riendo contento:
—¿Vendrá él? Ese jesuita seco.
Deteniéndose, empezó a afeitarse concienzudamente.
—Dime, Mulligan —dijo Stephen quedamente.
—¿Qué, amor mío?
—¿Cuánto tiempo se quedará Haines en esta torre?
Buck Mulligan mostró una mejilla afeitada por encima de su hombro derecho:
—¡Dios! ¿No es espantoso? —dijo francamente—. Es un sajón pesado. Cree que no eres un caballero. Por Dios, estos cochinos ingleses. Revientan de dinero y de indigestión. Porque viene de Oxford. Sabes, Dedalus, tú tienes los verdaderos modales de Oxford. No te puede entender. ¡Oh!, yo tengo para ti el mejor nombre: Kinch, hoja de cuchillo.
Se afeitó cuidadosamente el mentón.