Ulises

Ulises

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Montó otra vez en el parapeto y contempló la bahía de Dublín, mientras su cabello claro, de roble pálido, se agitaba suavemente.

—Dios —musitó—. ¿No es verdad que el mar es, como dice Algy[7], una dulce madre gris? El mar verde moco. El mar escrotogalvanizador. Epi oinopa ponton[8]. ¡Ah, Dedalus, los griegos! Tengo que enseñarte. Tienes que leerlos en el original. ¡Thalatta! ¡Thalatta![9]. Ella es nuestra grande y dulce madre. Ven y mira.

Stephen se irguió y se dirigió al parapeto. Apoyándose en él miró abajo, al agua y al barco correo que franqueaba la boca del puerto de Kingstown[10].

—Nuestra poderosa madre —dijo Buck Mulligan.

Desvió bruscamente del mar sus grandes ojos escudriñadores y los fijó en la cara de Stephen:

—La tía piensa que mataste a tu madre —dijo—. Por eso no quiere que me vea contigo.

—Alguien la mató —murmuró Stephen lúgubremente.

—¡Maldita sea! Podrías haberte arrodillado cuando tu madre moribunda te lo pidió, Kinch —dijo Buck Mulligan—. Soy tan hiperbóreo[11] como tú. Pero pensar que tu madre moribunda, con su último aliento, te pidió que te arrodillaras y rezaras por ella. Y te negaste. Hay algo siniestro en ti…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker