Ulises
Ulises Manchas en su chaqueta. Se ensucia con la comida, supongo. Los sabores todos distintos para él. A cucharadas primero. Como la de un niño su mano. Como era la de Milly. Sensitiva. Calculando cómo soy, seguramente, por mi mano. ¿Tendrá un nombre? El carromato. Conserva su bastón lejos de las patas del caballo animal cansado que se echa un sueñecito. Está bien. Paso libre. Detrás de un toro: delante de un caballo[85].
—Gracias señor.
Sabe que soy un hombre. Voz.
—¿Está bien? La primera a la izquierda.
El joven ciego golpeteó el bordillo y siguió su camino, volviendo a arrastrar el bastón, sintiendo otra vez.
El señor Bloom caminó detrás de los pies sin ojos, un traje a rayas insípidamente cortado. ¡Pobre muchacho! ¿Cómo diablos iba a saber que el carromato estaba allí? Debe de haberlo sentido. Puede ser que vean las cosas dentro de la frente. Especie de sentido del volumen. ¿Notaría el cambio de lugar de una cosa? Sentiría un vacío. Rara idea de Dublín debe de tener, golpeteando su camino por las piedras. ¿Podría caminar en línea recta si no tuviera ese bastón? Piadosa cara sin sangre como la de uno que fuera a hacerse sacerdote.
¡Penrose![86]. Ése era el nombre del tipo.